Aprender a convivir, un objetivo primordial actual.


La buena convivencia se ha convertido en uno de los objetivos prioritarios de las sociedades del siglo XXI. La aparición de graves conflictos sociales nos lleva a la necesidad de elaborar una pedagogía de la convivencia: tras la evolución biológica,  comenzó la gran evolución cultural, cuyo final es la construcción de un gran proyecto ético con el concurso de todos, porque somos seres sociales y nuestro proyecto de felicidad privada depende del bienestar público.

José Antonio Marina intenta aportar soluciones que ayuden a los adultos a analizar, a comprender y a crear recursos educativos eficaces para trasladar a los niños la idea de construir entre todos una ciudad  habitable. Sabemos que  la educación es socializar, unir la búsqueda de la felicidad privada dentro de un círculo más amplio, que es la felicidad pública. No puede existir la una sin la otra.

Así pues, el modelo de la educación para la convivencia tendría que establecerse a tres niveles: educación afectiva, que nos ayude a sintonizar con los valores fundamentales; adquisición de hábitos operativos, que aumente nuestra capacidad para realizar esos proyectos; y una educación normativa teórica, que proporcione nociones básicas de la Ética y el Derecho. Finalmente, la elaboración de un Ética transcultural nos ayudará a proteger y también a limitar los distintos códigos morales o religiosos, que deben circunscribirse a la esfera privada, íntima y personal de los miembros de una comunidad.

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